La cabina de Radio Tiempo se siente bastante familiar. Monny Arce y Danny Díaz me reciben con sonrisas en sus rostros y me dan la bienvenida. Son las 5:12 p.m. y Tiempo de Luna está a punto de empezar.

Entre pausas para cuñas, breves comentarios de mensajes románticos y la visita de personajes inesperados, comienza la entrevista con papel y micrófono en mano.


¿Cómo llegó cada uno a Radio Tiempo? ¿Cómo fueron esos primeros pasos al aire?

Monny Arce: Yo siempre digo que soy un accidente radial (ríe). Empecé en la radio en una emisora crossover porque me perfilaba para ser una locutora crossover. Desde mi perspectiva, yo no tenía la voz para ser locutora de Radio Tiempo. Me iba mucho a la voz de Joyce Lozano, que es muy romántica, elegante… y yo soy una loca. Entonces… no pegaba mucho.

Pero se me dio la oportunidad de hacer unas vacaciones en Radio Tiempo Sincelejo y cuando las terminé, el señor Rafael Páez me citó nuevamente para que continuara. Yo seguía diciendo que no tenía la voz para la emisora, pero él me dijo: “Tú no necesitas tener una voz gruesa o profunda para ser parte de Radio Tiempo. Lo importante es que tu personalidad se vea reflejada en la emisora”.

Después de eso, trabajé en La Mega en Cartagena, pero el director me ofreció trasladarme a Radio Tiempo Cartagena. Me dijo claramente que solo haría la propuesta dos veces. La primera vez, le dije que necesitaba más tiempo para estabilizarme, entonces rechacé la oferta. Cuando me propuso el trabajo por segunda vez, ya yo tenía un año y medio en La Mega, y acepté. Desde ese momento, hago parte de Radio Tiempo.

Danny Díaz: En mi caso, ya yo venía trabajando en una emisora reconocida aquí en Barranquilla, que se llamaba Radioaktiva. Era una estación de música juvenil, rock en español… Y en ese momento, Radio Tiempo estaba haciendo un recambio generacional con los locutores, algo que ya había hecho con nuestra emisora hermana Olímpica Estéreo.

Mientras Radio Tiempo buscaba locutor, se encontraron conmigo y me contactaron. Yo no conocía mucho de Radio Tiempo, pero sabía que era parte de la mejor empresa de radio en la ciudad. Así empecé presentando artistas del momento como Miguel Bosé y Ricardo Montaner. Eso fue en 1996, imagínate… (ríe). Y, bueno, el resto es historia.

¿Cómo nace la dupla Monny-Danny y el programa Tiempo de Luna?

MA: La verdad… me lo impusieron (ríe y Danny hace una cara de ofendido, pero ríe segundos después). Yo venía de Cartagena a Barranquilla y alguien dijo: “Creo que esta loquita puede con Danny”.

Recuerdo que todo empezó en el 2021. Fue un viernes que lanzamos Tiempo de Luna y a la gente le encantó. Cada programa tenía su personalidad y nuestro director, Julio César Lobo, quería que Tiempo de Luna fuera un programa de amigos, pero también de complicidad de pareja. Con esa idea, comenzó el espacio.

Desde el primer día hubo química. Ya nos conocíamos de eventos del carnaval, pero cuando nos sentamos frente al micrófono, fue un clic inmediato. Con solo mirarnos ya sabemos a dónde vamos. Peleamos, nos arreglamos, nos mantenemos en esas, pero ahí vamos. Quedamos en que yo soy su esposa radial y él es mi esposo radial, y su esposa y mi esposo lo entienden.

DD: Exactamente. Somos una pareja haciendo un programa de parejas, prácticamente. La finalidad siempre fue llegar a las parejas: es un programa para parejas, para enamorados, sobre relaciones. Eso es lo que históricamente se ha hecho. Y creo que estamos haciendo las cosas bien.

Sus nombres al aire: ¿personajes o esencia?

DD: A mí me pasa algo particular y es que yo no tengo Daniel por ninguna parte. Mi nombre real es Manuel. El nombre Danny me lo puso Joyce cuando era la directora en Radioaktiva. Ella decía que Manuel era un nombre muy serio para el tipo de radio que yo hacía, y que yo era más juvenil.

Un día me dijo: “Desde hoy te llamas Danny”. Y yo le dije: “Joyce, la gente va a pensar que me botaron y trajeron a otro”, pero siempre supo que le agradecería por darme este nombre.

Hoy todo el mundo me llama Danny. El único momento en que me dicen Manuel es cuando me encuentro con alguien del barrio, la universidad o con mi familia. Mi mamá, por ejemplo, jamás me llama Danny. Para ella siempre seré Manuelito, incluso después de tantos años.

MA: A mí me han dicho que Monny es mi alter ego, pero yo no lo veo así. Yo siempre soy Monny aquí y en mi casa. Ese nombre no nació en la radio, sino en mi familia. Mi mamá me llamaba Moni desde chiquitica, porque soy rubia.

Cuando empecé en la radio, me presentaba como Majo por mi nombre real, María José. Pero un día mi mamá fue a llevarme el almuerzo a la emisora y dijo: “Vengo a buscar a Moni”. Mi jefe escuchó ese apodo y desde entonces Monny se volvió todo. La gente cree que me llamo Mónica, pero no. Y solo escucho “María José” cuando mi mamá me regaña… (ríe).

En su labor como locutores, ¿cómo hacen para seguir conectando con las personas?

DD: Cuando eres tú en el micrófono, dejas de ser un simple locutor y te conviertes en un compañero del día a día de los oyentes. Lo importante de un locutor, de un disc jockey, de un animador, es que seas lo que la persona necesita en ese momento.

Puedes ser el amigo que está acompañándote en la tristeza, en la alegría, el que te quiere dar un consejo o el que sencillamente te quiere hacer reír. Y tú no sabes qué estado de ánimo tiene cada oyente. Por ejemplo, hay 400.000 oyentes en este momento, entonces eso es prácticamente imposible. Pero cuando tú eres tú mismo, proyectas lo que cada uno necesita.

MA: Se siente bonito que la gente te vea y diga: “¡Ay, yo te escucho cuando voy saliendo del trabajo!”. La gente siente tu compañía, se siente cercana. Y nosotros aquí en Radio Tiempo priorizamos eso con nuestros encuentros cercanos, por ejemplo. Además, la radio ha evolucionado tanto que ya no solo nos escuchas a través de la banda FM, sino que también tenemos la plataforma de streaming.

DD: Nos terminamos volviendo cómplices de los oyentes, alcahuetas (ríe).

¿Cómo se mantiene viva la radio en la era digital?

DD: Hoy en día, las personas pueden acceder a Spotify o pagar la mensualidad de Deezer o de YouTube, y consumen música sin tener la necesidad de un locutor. Pero hay algo que las plataformas no han podido superar: la gente también quiere a alguien que les hable, que interactúe con ellas, que las acompañe y entienda su rutina.

Yo siempre intento aliarme con la tecnología. Por ejemplo, ahora estoy haciendo lives en TikTok en mi programa del mediodía, y yo nunca fui de hacer lives. Estoy dándoles a los oyentes una alternativa sin dejar de ser Radio Tiempo. Está la posibilidad de que los que no escuchan la radio nos vean a través de las plataformas que más consumen.

MA: Cuando te vuelves aliado de las tecnologías, no vas a permitir que la radio quede por debajo de ellas. Mira que ahora todas las empresas de radio, todas las emisoras tienen su propia aplicación. Además, la mayoría trabaja con WhatsApp. Nadie dice: “Llámanos a la línea…”, sino: “Escribe a nuestro WhatsApp”.

Todo va evolucionando. La radio se escucha y se ve.

¿Qué mensaje les gustaría dar en el Día Mundial de la Radio?

MA: Yo quisiera hacer un llamado a las nuevas generaciones. Actualmente, hay muy pocos que se apasionan por la radio, por querer ser locutor. Y esta es una labor muy bonita, es una carrera preciosísima. Hago un llamado de atención a los jóvenes, para que vivan de la radio. Vivir a través de la radio es una labor que enamora y no puede perderse.

DD: Con las nuevas tecnologías en el mundo digital donde vivimos, todo es más rápido y todo expira mucho más rápido. Pero la radio, con más de 100 años de existencia, no ha expirado. La radio sigue siendo la radio y mantiene su esencia. El que escuchó Tiempo de Luna hoy quiere escucharlo todos los días. Así que, sigan enamorados de la radio. Cambiará, evolucionará, pero siempre va a estar.


Mi micrófono se cierra a las 6:30 p.m., pero los de Monny Arce y Danny Díaz siguen abiertos. Me despido después de una entrevista única, con nombres que hoy hacen parte de la cultura barranquillera y que vuelven a despertar, cada día, la pasión por la radio.

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