Jorge Cura Amar siempre vio el periodismo como un lugar donde estar. Estar a tiempo. Estar atento. Estar cuando alguien necesita ser escuchado. Las palabras se mantienen vivas cuando ayudan a mantener con vida a otros. Tal vez por eso, aun después de varios años frente al micrófono, la voz de Cura no se atenúa.

A la 1:00 p.m., la puerta de las oficinas de la Organización Radial Olímpica se abre.  

Adelante, señorita. 

Es Jorge Cura, quien me recibe y me invita a su oficina. Llega a la hora acordada “como los trenes japoneses”, una metáfora que él mismo utiliza para describir la puntualidad. 

Su oficina tiene el mundo pintado en sus paredes: cada cuadro habla un idioma diferente y me mira entre telas y colores con olor a culturas. Me siento frente a Cura y su voz me empieza a transportar a su infancia, entre las memorias de sus inicios en el periodismo. 

Desde niño supo que quería ser periodista. Creció en Chile leyendo Icarito, un segmento infantil del periódico La Tercera, donde publicó su primer artículo periodístico. Su abuelita era la que compraba el periódico y gracias a ella se enteró de que estaban buscando corresponsales. Cura leyó el anuncio, decidió que escribiría algo y lo mandó por correo. La semana siguiente, vio su texto publicado. “Estaba emocionado con la publicación y eso fue lo que me dio la fuerza para seguir por ese camino. Me gustó haber contado lo que pasaba en mi pueblo y que un medio tan importante lo hubiera publicado”, dice con alegría.

Esa experiencia fue su “trampolín”, como él mismo lo explica. Desde ese momento, no hubo marcha atrás.

En vivo desde Chile

La radio llegó casi sin pedir permiso. Un día, un profesor de su colegio lo invitó al programa de radio que tenía en una emisora de Putaendo. Cura fue varias veces al programa y poco a poco empezó a hablar al aire. “Al director de la emisora le gustó lo que yo estaba haciendo y me dio un espacio todos los días de 4 a 6 de la tarde. Yo salía del colegio, almorzaba, tomaba un bus e iba a hacer el programa”. Fue en esa misma emisora en la que se desenvolvió como narrador de partidos de fútbol profesional cuando tenía tan solo 15 años. 

Quien no conoce a Jorge Cura puede afirmar que Barranquilla es su primer hogar. Pero esta bella ciudad apareció frente a sus ojos muchos años después. Estudiar en Colombia siempre fue un plan temporal. Venir, estudiar y regresar: esa era la agenda de Cura cuando llegó al país. Pero Barranquilla reescribió su historia. “No fue fácil”, dice sin rodeos. “Para poder pagarme los estudios, vendí fumigaciones, frutas en el mercado, estampitas de la Virgen en los buses y fui mesero durante mucho tiempo”. Gracias a su resiliencia, Cura pudo pagar su pregrado en Comunicación Social en la Universidad Autónoma del Caribe. 

Antes de graduarse, ya era corresponsal de un noticiero nacional y estaba haciendo radio. “Estuve en Onda Nueva, Universal y Olímpica. Todo fue muy rápido, pero creo que pude demostrar que servía para algo”. En La Arenosa, mientras estudiaba, Cura también conoció el amor y se casó. “Ya en ese punto mis pies se quedaron aquí”.

Entre culturas

Con el tiempo, Cura se convirtió en un periodista del mundo y de lo local. Ha recorrido más de 70 países y ha estado donde pocos llegan. Palestina aparece en su relato con respeto, como una herida latiendo. “Mis abuelos eran palestinos y esa causa yo la defiendo. Es un pueblo que ha pasado por los peores momentos de la humanidad. Aun más con el reciente genocido…”, comenta mientras se frota sus manos. En Gaza entrevistó a Yasser Arafat, cuando la ciudad aún era reconocible. “Siempre soñé con hacer lo que hice”.

Afganistán aparece desde otro ángulo. Le llamaba la atención un país que resistió a las grandes potencias. Estuvo allí y casi pierde la vida. “Casi nos matan allá, pero conocer ese país fue una gran experiencia”. 

Cuando la conversación gira hacia lo local, hacia el periodismo que estudió y que continúa ejerciendo, Cura es claro: para él, los cambios no han sido fáciles de asimilar. “Yo comparo esto con estar en una estación de tren: si no te montas, te quedas”. Hoy el periodismo exige tecnología, adaptación. “Hay que conocer las redes sociales, asesorarse con gente más joven”, dice con honestidad. Y eso es lo que hace: tiene personas que lo ayudan en su labor. 

La emisora de “la gente linda”

Desde hace cuatro décadas, Jorge Cura dirige Emisora Atlántico, la emisora con mayor sintonía de todo el departamento. En este espacio de noticias, la filosofía es clara: ayudar. “Nosotros no resolvemos los problemas, somos el conducto. Tendemos puentes y ayudamos a las personas”, explica. “Es una de las satisfacciones más grandes que tenemos. Nos da un plus en el corazón”. 

Para Cura, el periodismo debe ser por y para el pueblo. Con el fin de priorizar a las personas, desde hace 5 años Emisora Atlántico cuenta con una periodista cuyo rol es atender a la gente, sobre todo en temas ligados a la salud. “Tenemos una red que nos permite llegar a las EPS y tenemos un apoyo jurídico con la personería. Nos estamos blindando para atender mejor a las personas”, comenta. Escuchar lo que se hace desde Emisora Atlántico despierta la empatía en cualquiera, un valor que se ha perdido en el presente.

Antes de finalizar la entrevista, le pregunto a Jorge Cura cuál ha sido ese recuerdo, objeto o palabra que ha representado su vida en el periodismo. 

Disciplina. 

Una palabra de 4 sílabas que carga el peso de su historia. “La persona que quiera trabajar en periodismo tiene que entender que esto se hace con pasión y con disciplina”.  

Actualmente, Cura continúa apostándole a un periodismo que dialoga con el tiempo. A través de su proyecto Replay, rescata crónicas como la de Poncho Zuleta y Doña Cleotilde. Asimismo, se ha dedicado a entrevistar a compositores vallenatos, esas personas que hacen parte de nuestra memoria colectiva. Ambos proyectos confirman que su oficio periodístico sigue en movimiento: visita el pasado y observa el presente para transmitir historias a “la gente linda”.

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